24 de julio de 2006

El espíritu del Delta


Una entrevista a Dr John, por Clemente Corona (Revista ClubCultura #13, julio-agosto de 2006)


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Cuando del Misisipí se trata, siempre hay leyendas de por medio: la que cuenta que Robert Johnson vendió su alma al diablo y la que dice que a Dr. John (nacido Mac Rebennack en Nueva Orleans, EE UU, en 1941) le pegaron un tiro mientras tocaba en un bar poco recomendable. “Es cierto. Me dispararon en un dedo al comienzo de mi carrera; puedo tocar la guitarra, pero no mucho, por eso me cambié al piano”, cuenta el gran músico del Delta, embarcado en una gira en la que presenta su último trabajo, Mercernary, en el que todas las canciones menos una son obra de uno de los más grandes letristas de standards de la música estadounidense, el georgiano Johnny Mercer, auto de Come rain or come shine, One for my baby, Dream o Moon River, y de quien Frank Sinatra dejó dicho que “hacía la competencia al Cole Porter más inspirado”.

Fue su hija Tina quién le dio a Rebennack la idea de la concepción del álbum, mientras escuchaba en la radio Personality, y le dijo que ese tema era perfecto para el estilo 'hecho en casa' de su padre. Aún más: ¿por qué no hacer todo un álbum de canciones de Johnny Mercer? Dr. John se dio cuenta además de que tenía mucho en común con ese escritor sureño que había puesto la letra a más de 1.500 canciones: ambos nativos del Sur, adictos al trabajo y con décadas de años en la carretera. La idea estaba ahí, y el resto vino sólo. “Algo muy bueno sobre el trabajo de Johnny Mercer es que incluso las canciones menos conocidas son conocidas”, dice Dr.

John, que tuvo en mente desde un principio incluir en el álbum temas como Lazy Bones o That Old Black Magic y ver cómo darles un toque especiado de cocina del Delta, ese sonido característico de la ciudad conocido como N'Awlins que es más fonk –como él le llama– que funk. Ensayó algunas estrofas con su banda de siempre –John Fold, David Barand y Herman Ernest– y le gustó cómo sonaba. “Cogen lo que estoy pensando, lo interpretan y lo hacen real”, dice. Las canciones del disco fueron grabadas en una o dos sesiones -los vientos se añadieron después- y en algunos casos “golpeábamos y parábamos y nos poníamos con la siguiente canción. Mi banda, cuando se pone a ello, patea. No se anda por las ramas”.

“Dream, por ejemplo, es una canción de la que Mercer escribió no sólo la letra, también la música, y por eso no suena como el resto de sus canciones. Me gusta precisamente por eso, porque no encaja en su obra. También pienso en Johnny como en un mercenario, un pícaro que sabía cómo sobrevivir. Siempre quiso escribir para Broadway, pero no le dejaron porque no era de Nueva York; así que lo mejor que podía hacer era ir a Hollywood y escribirlas para el cine, y tuvo mucho éxito”. Éxito que se ve en la cantidad de temas de Mercer que están por derecho propio y con letras –pocas veces mejor dicho– de oro en el Great American Songbook, esa época esplendorosa de la música estadounidense en la que se juntan Porter, Berlin, Mancini, Ellington o los hermanos Gers-hwin y que nunca se ha ido: ahora es el turno de crooners canadienses que, sin ser nada destacables, al menos meten las melodías de los felices años veinte en los reproductores MP3 de los más jóvenes. ¿Por qué no pasan de moda esas canciones? “Los clásicos lo son porque su música está viva. Muchas veces no tiene que ver con su calidad: las canciones se convierten en clásicas simplemente porque la gente las escucha y eso es suficiente para que sobrevivan”, confiesa un Dr. John que no se muestra apesadumbrado ante la escena musical estadounidense. “Hay sitio para todos... Y un montón de gente joven con mucho talento, como Troy “Trombone Shorty” Andrews , a quienes la música es lo que más importa”.

Dr. John no se ha visto tentado aún por el Maligno –“yo no hice lo que Johnson, pero sí que me encomiendo al Espíritu Santo cada vez que actúo”– pero lo parece, habida cuenta del desgarro que muestra en este disco, un hito más en una carrera que comenzó hace más de medio siglo y en el que ha compartido estudio y escenario con todo el who is who de la música americana –“Marvin Gaye y Joe Tex son de quienes guardo mejor recuerdo”–, además de ser reconocido como uno de los embajadores de la música del Delta y, especialmente, de su ciudad natal. “Hay tanto talento en Nueva Orleans por su gente. Es un lugar demasiado pequeño para que tantas culturas se mantengan separadas, y así nace esa gran combinación”. Mercernary fue grabado en un estudio del barrio Bywater de Nueva Orleans, uno de los que sería más castigado poco después por el Katrina; milagrosamente, el estudio apenas resultó dañado por la catástrofe. Tras haber participado en multitud de actos benéficos para recaudar fondos que ayuden a la reconstrucción de la Big Easy, Dr. John está espantado por la situación. “Estoy muy enfadado. Necesitamos ayuda de verdad de los gobiernos federal y estatal, que el dinero llegue realmente a la gente que lo necesita. Se supone que la política es la segunda profesión más antigua del mundo. Con lo que ha pasado, me he dado cuenta de que tiene mucho en común con la primera.” ¿Volverá Nueva Orleans, cuna de músicas, a ser lo que fue? “No puedes deshacer lo que ha pasado. Las cosas no serán lo mismo, pero tampoco desaparecerán del todo. Están dentro de la gente, en sus almas”.