27 de febrero de 2008

Breve y bueno: Entrevista con José María Merino

José María Merino, ganador del Premio Salambó 2007 con su libro "La glorieta de los fugitivos".
Entrevista publicada en la revista ClubCultura (otoño 2007).



BREVE Y BUENO

José María Merino, magisterio del micro relato en "La glorieta de los fugitivos".


Mini-cuentos, nano-cuentos, micro-rrelatos… La literatura se reinventa constantemente demostrando a quienes le dan por muerta que el talento no sabe de géneros y que siempre tendremos hambre de historias. De eso, de dar comer talento a los letraheridos, sabe mucho José María Merino (A Coruña, 1941) que en su última obra, "La glorieta de los fugitivos" (Páginas de Espuma), reúne, por una parte, además de otros inéditos, todas las ficciones pequeñas –en tamaño- que el escritor gallego había publicado hasta la fecha en los libros "Días imaginarios" y "Cuentos del libro de la noche".

"La Glorieta de los fugitivos" reúne su mini-ficción completa. ¿Por qué este género?

Las posibilidades que ofrece para alcanzar nuevos espacios expresivos. Conseguir contar una historia significativa en una extensión mínima, que resulte una verdadera pieza narrativa y no un mero esquema, o sinopsis, es un reto que no afecta solo a lo formal, sino al propio contenido de lo que se relata. Es una manera de narrar que no se parece a ninguna otra.

- ¿Cuán cómodo se siente con la mini ficción?

En realidad yo me encuentro cómodo en todos los géneros, porque ahora mismo estoy escribiendo una novela, pero en las minificciones, minicuentos, o nanocuentos, o como quiera que queramos llamarlos, encuentro esa gracia del experimento, una especial dificultad muy estimulante para mí.

- La mini ficción, ¿es un terreno más abonado a la extrañeza, a provocar una sensación rápida –casi súbita- en el lector, que sus hermanos (si no mayores, si más largos)?

Los minicuentos han recuperado en muchos casos ese final sorpresa que los cuentos literarios del siglo XX habían olvidado, o creído superar, y creo que son muy propicios a los temas fantásticos, oníricos, a todo lo que pueda conectar con lo extraño o insólito. Por otra parte, su acción relampagueante es una de sus gracias principales.

-¿Qué define formalmente a un micro relato (extensión, temática…)?

La brevedad es solamente un requisito material. Hay quien cree que un texto, por tener cierta originalidad verbal y ser corto, ya es un minicuento, lo que hace que en el género se incluyan demasiados productos no narrativos, que además desorientan a los posibles lectores. Lo que define al minicuento es que en una extensión mínima consiga el inexcusable movimiento o mudanza dramática que debe ser la sustancia propia de todos los géneros narrativos. Si no hay movimiento no hay cuento ni minicuento, aunque pueda ser una interesante pieza poética, o reflexiva, o una graciosa verbalización.

- ¿Es el micro relato una vacuna contra esta manía nuestra de no leer? ¿Es un arma que facilita la literatura?

No lo creo así, pues precisamente por su concentración expresiva y su capacidad de síntesis suele requerir un lector más preparado y estéticamente receptivo que uno de esos bestsellers de mil páginas que ocupan tanto espacio en las librerías. Claro que para un buen lector el minicuento, en muchas ocasiones, puede tener un sabor literario especial.

- Estará de acuerdo como pocas personas con “lo breve, si bueno…”

Si, yo creo en la concisión como una de las claves de la expresión literaria. Incluso las novelas deberían ser concisas. Valdría también decir “lo largo bueno, si conciso, dos veces bueno”. Sin embargo entre nosotros creo que hay una desoladora tendencia a la verborrea literaria, no sé si por herencia barroca.

-¿Qué diferencia a un micro relato de un aforismo, o un refrán…?

El aforismo, como el refrán, pertenece a la esfera de la expresión no narrativa, sentenciosa o filosófica, por lo general no pretende contar ninguna historia sino mostrar simbólica o metafóricamente un ejemplo. En materia narrativa, los ejemplos hay que darlos a través de la propia historia. De modo que si no hay historia no hay cuento, por muy ingenioso que sea el texto. Y acotar los espacios creo que es bueno para todos, aunque vivamos una tendencia a la mezcla de géneros.

- De los suyos, ¿cuál es su micro relato favorito? ¿Y ajeno?
De los míos le tengo especial simpatía a “Telúrica”, donde utilizo la receta de los calamares en su tinta para hablar del tiempo y del cosmos, o “Mosca”, en que la relación con una mosca extemporánea me permite contar la historia de la relación del ser humano con el medio ambiente o “Para una historia secreta del éxito” que me sirvió para exorcizar ciertos fantasmas. De los ajenos sigo considerando el mejor, e incluso precedente del famoso del Dinosaurio, aquel que escribió Chuan Tzu tres siglos antes de Cristo: “Soñé que era una mariposa y al despertar no supe si era un hombre que había soñado ser una mariposa o una mariposa que estaba soñando ser un hombre”

26 de febrero de 2008

Contextos (1): Al fin creí entender Toledo

El artista Joseph Kosuth llena la fachada de La Casa Encendida de frases de Borges, Cortázar y Onetti



Su ciudad era un lugar de agosto, de todo lo malo asociado a agosto, de toda la maldad inherente a agosto. Calor cabrón, asfalto cuarteado, envoltorios de comida basura: ansias de huir. El tipo tiraba una y otra vez de las trabillas de sus pantalones vaqueros sucios, de algodón malo y gastado, como calcificado. Le decía al otro tipo, cuyo aspecto no ha traspasado la frontera de los diez años que han transcurrido de esa mañana, que no le echara el humo en la cara. Había poca luz en la dársena, o eso me pareció a mí: pudiera ser que mis pupilas no se ensancharan del todo pero no me importó, porque yo sólo buscaba el escote de la chica eslava. El tipo de los vaqueros gastados, y sucios, aleteó con su mano por delante de su boca. No voy a volver, tío, le dijo al otro. Yo no recuerdo más que fumar y buscar con la mirada a la eslava, pero ella jamás me miro a mí. Empecé a sentirme muy lejos de todo al contemplar los maizales que sitiaban la ciudad. ¿Qué otra cosa podría haber hecho más que sentirme lejos? No es algo malo en sí. Ni mucho menos.

Los maizales seguían y siguieron. No había nubes. Todo era puro calor. Puro agosto. Lejos y fuera de la mesura del tiempo. No existe un útero más cálido.