23 de agosto de 2009

Miquel Barceló: Año Uno


Giro mi coche mientras miro al policía que guarda la puerta del palacio en que duermen estos días los reyes y enfilo la pendiente pronunciada de la calle. Antes de llegar al aparcamiento de la fundación, a la sombra de una espantosa y peligrosa –me dice constantemente la prensa- corrala de apartamentos con nombre viajero, ya me he convencido de que Le Corbusier ganó la partida y de que, al final, alguien mató a las calles.