20 de junio de 2010

Obrigado, José Saramago

Me sorprende en Sudáfrica la noticia de la muerte de José Saramago. Yo he disfrutado mucho, y aprendido bastante, leyéndole. No me afecta que se le santifique como un santo ateo, ni tampoco el que otros escupan bilis sobre él, como si, al morir, les hubiera dejado alguna deuda sin cancelar. Una tarde de hace ya muchos años, Carlos Fuentes le llevaba del brazo: otra, apenas me apretó la mano. No me importó. Para mí, Saramago siempre y sólo será -¡casi nada!- esa fantasía iberista que se desgaja de Europa y, claro, leer hasta casi quedarme ciego, cómo no, en una tarde y una noche de Montreal, el Ensayo sobre la ceguera. Obrigado, Jose.