30 de marzo de 2009

Mag Attack! #1

Se caen las revistas: tenía que pasar. Forman pilas que no cabrían en una pileta, de haberla. El montón es alto, ancho, y en absoluto uniforme. Salen los picos de la pila, hasta que se caen y se desparraman por el suelo tras haberse desparramado por la mesa: son shurikens apilados. Tiro la olla y me pongo perdido: me salpican reflexiones de managers asesinados en la India, planos de mansiones en Naples que no encuentran comprador, platos con trufa de restaurantes en Sudáfrica: todavía no han cambiando los paradigmas, vivan y vivamos los Elegidos por el Señor, que nuestros son los cielos y la tierra, o rompemos la baraja. Qué pena de Mag'ltin' pot, qué poco antiadherente es esta cazuela de la que asoman, al hervor de mi interés compulsivo y caprichoso, elegantes publicaciones de papel bien alimentado adquiridas a un precio realmente accesible, que no fallen la crisis y el refugio en el patrón oro. Monóculos inteligentes a los que de nada sirve su pertinaz renuencia a bajar posiciones del montón: caen igual. El suelo y la mesa no distinguen entre publicaciones printed in China que pagan a 30 días sus freelances, de aquellas fruto y desvelo de agencias unipersonales de comunicación, de papel refulgente, horteramente caro, afilado hasta cortarme la yema de un dedo: en provincias también se existe. Cae el montón: y menos que el suelo y la mesa, cuanto menos las distingue el tipo que de ahí las arroja a un carrito: el cielo de las revistas que ni siquiera yo conservo.